Poemas inéditos
En Sílabas negras, una edición de Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor publicado por la Universidad de Salamanca en octubre de 2006, se incluyen tres poemas inéditos del poeta:
Amé. Es incomprensible como el temblor de los árboles.
Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y
La música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?
Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué fue existir entre vidrios y preguntas, entre cuerdas y espíritus?
¿Quién fui en los brazos de mi madre, quien fui en mi propio corazón?
Es extraño:
Solamente he aprendido a desconocer y olvidar pero el amor habita en el olvido.
Sacudí la ceniza de mis párpados.
Busqué la luz en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí una esfera de luz. Era como ser y no ser.
Descansé de mi mismo
Hasta sentir que mis venas se vaciaban en la luz
Y que las sombras giraban hasta crear el día.
Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritaban hasta despertar el corazón
Y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas enloquecidas en la inmovilidad.
En la pausa mortal, una vez más,
Pasaron suavemente sobre ti mis manos.
Oigo un grito amarillo: luz desgarrada por la luz.
Por caminos de espinas, he llegado
Al páramo invisible.
No merecía la pena. Me dispongo
Al olvido y al vértigo. Ésta es la última
dificultad. Es excesivo
este cansancio sin destino. No había palomas en la eternidad. No había eternidad.
sábado, 2 de diciembre de 2006
Gamoneda - Premio Cervantes
Esencial Poeta
Elena Santiago (El Norte de Castilla 01.12.2006)
Mi felicitación y el abrazo más grande a nuestro esencial Antonio Gamoneda. Llega el premio Cervantes a alejar ausencias y reconciliar penumbras.
Conozco hace muchos años a Antonio. Quiero y admiro hace muchos años a Antonio. Es el hombre y el poeta del dolor y la ternura. Sabe la vida y sabe la muerte, de ahí su temblor en la palabra. Su estremecimiento. Ese don de humanidad en su sabiduría emocionada. Ya es largo este tiempo mío de caminante por lo literario y, haciendo recuento de esta edad, me siento capaz de sostener que encontrar a Gamoneda en la vida, no es una circunstancia sino una revelación, una purificación del lenguaje o descubrimiento del asombro. Alcanzar la intensidad más personal con mirlos y heridas, cebadas blancas y rastros de frío en el corazón, la inexistencia o el grito, las grandes jarras de la tristeza en las manos mortales, amor o la flor de los agonizantes Algunas de sus palabras tomadas al azar o al recuerdo, con un aire de sueños y urgencia, caricias o nieve, en la más honesta y honda admiración. Apenas he dicho Antonio Gamoneda, pero entero es el latido que me despierta.
VERANO 1966
Cuando me extiendo junto al mar,
existe el agua y su palpitación
y un cielo azul cuya profundidad
es demasiado grande para mí.
Sentir el mar, su lentitud viviente,
es la magnificencia y el olvido,
pero sentir la vida de los camaradas
en ser el camarada de uno mismo.
El cielo inmóvil tiene su razón, lo sé,
pero la razón que hay en nosotros
existirá aún cuando este cielo
hay sido borrado por el viento y el frío.
Elena Santiago (El Norte de Castilla 01.12.2006)
Conozco hace muchos años a Antonio. Quiero y admiro hace muchos años a Antonio. Es el hombre y el poeta del dolor y la ternura. Sabe la vida y sabe la muerte, de ahí su temblor en la palabra. Su estremecimiento. Ese don de humanidad en su sabiduría emocionada. Ya es largo este tiempo mío de caminante por lo literario y, haciendo recuento de esta edad, me siento capaz de sostener que encontrar a Gamoneda en la vida, no es una circunstancia sino una revelación, una purificación del lenguaje o descubrimiento del asombro. Alcanzar la intensidad más personal con mirlos y heridas, cebadas blancas y rastros de frío en el corazón, la inexistencia o el grito, las grandes jarras de la tristeza en las manos mortales, amor o la flor de los agonizantes Algunas de sus palabras tomadas al azar o al recuerdo, con un aire de sueños y urgencia, caricias o nieve, en la más honesta y honda admiración. Apenas he dicho Antonio Gamoneda, pero entero es el latido que me despierta.
VERANO 1966
Cuando me extiendo junto al mar,
existe el agua y su palpitación
y un cielo azul cuya profundidad
es demasiado grande para mí.
Sentir el mar, su lentitud viviente,
es la magnificencia y el olvido,
pero sentir la vida de los camaradas
en ser el camarada de uno mismo.
El cielo inmóvil tiene su razón, lo sé,
pero la razón que hay en nosotros
existirá aún cuando este cielo
hay sido borrado por el viento y el frío.
AMOR
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
Antonio Gamoneda
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