viernes, 22 de septiembre de 2006

Bendito Motel

Hoy lo he vuelto a ver… La verdad es que siempre me toca pararme en esa luz (oye troncos, que ya hablo de luces, adiós semáforos) delante del motel OK, con sus letritas en la hierba en plan Hollywood cutre-kitsch-hortera-grasa y un cartelito plastificado donde anuncian el jacuzzi de mis sueños (con forma de corazón y lucecitas de barrio rojo de Ámsterdam, wwwwweuuuuehhhh). No sé por qué me tiene tan fascinado... ¿Algún trauma infantil? Pues será; pero la hora de psicoanalista se cotiza a precio de barril de gasolina. Con lo que a joderse y contar mis frustraciones en algún foro de estos.

Me imagino que si me doy una vuelta por el departamento de estudios culturales de la UPR, alguna de las profes me hablará de los moteles como resultado de una estructura de poder patriarcal-machista que históricamente ha subyugado al género femenino. Por supuesto, la tal profe me llamará un par de veces “neomachista ilustrado” o algo peor, aunque uno trate de explicarle que bueno, siente simpatía por la causa y demás –peor todavía, este es de los que va de enrollao y luego es peor que el resto-. Y encima me tirará a la cabeza un par de sesudos ladrillos de la estantería de “gender studies” con un huevo de citas de Kristeva, Beauvoir, Camille Paglia y compañía… Y eso duele. O sea que mejor asumir una prudente retirada -otros dirán acojonamiento- no siendo que me mande a las de la liga por la emasculación masculina, aquéllas que pululaban por París. Aceptaré resignado que soy culpable de ese ente opresor y alienante llamado Motel….

Volviendo al OK de mis sueños, no recuerdo que los telos argentinos, el bois de Vincennes o las pensiones de Montera en Madrid me llamaran tanto la atención. Será que me estoy haciendo viejo. Además el famoso garito OK me recuerda a los libros de Olga Nolla y sobre todo, sobre todo, a una novela de Mayra Santos, Cualquier día soy tuya o algo así. Y es que la acción se desarrolla en un motel como este. Igualito, os lo juro. Un “picadero” de esos. Coño, no hace falta que le pongan nombres románticos. Si todo el mundo sabe a lo que se va, al “hit and run” -como dicen los vecinos del norte-. Pero se empeñan en llamarlos Arco Iris, Amor, o nombres que parecen versos de Antonio Gala o canciones de Christian Castro (“Azul, y es que este amor es azul como el mar..., bla, bla, bla”). Pensándolo bien, lo de OK no es tan hortera como dije el otro día. Viendo el resto de nombres, me reconcilio con el OK, nombrecito simple y sin grandes pretensiones. Me imagino a la parejita preguntándose uno a otro en medio de un calentón: “¿OK o tu casa? OK, que en mi casa está mi marido”.

Cuando vaya a la madre patria me fijaré en las versiones ibéricas del asunto. Me han dicho que camino del aeropuerto de Barajas han puesto una cosa del estilo pero tengo que verlo para apreciar las analogías… No me fío de las fuentes. Como mucho lo que me sonaba eran los garitos de Clara del Rey. En fin, que a la vuelta cuento.

Pues eso, que nunca me encontraréis en el OK… más que nada porque me imagino que vosotros no frecuentáis sitios como ese… Y si por casualidad o un apretón tenéis que ir, decidle al encargado que vais de parte del gallego y os harán un descuentito.

Nacionalismos